¿Cómo fomentar el optimismo en nuestros hijos?

septiembre 28, 2017

Empecemos por aclarar que el pensamiento optimista no es negar la realidad o tener una comprensión superficial de la vida, o sentirse todo el día feliz. Más bien responde a una habilidad que se puede aprender y que nos permite enfrentar y tolerar las dificultades de mejor manera. No nacemos con esta habilidad, pero si podemos desarrollarla, y, sí es fomentada por nuestro entorno desde pequeños, entonces se convierte en un modo de pensar automático, que luego podría ser parte de nuestro “kit de herramientas” necesario para desenvolvernos en la vida.

Para cultivar en nuestros hijos una forma optimista de pensar, debemos intentar enfrentar los momentos difíciles y adversos utilizando las siguientes estrategias:

Recordar que todas las situaciones tienen más de un punto de vista, y la misma situación puede ser percibida como importante por una persona, por otra no, como también puede pasar desapercibida. A su vez, cada uno de nosotros escogemos donde ponemos el foco, es decir, si nos centraremos en lo positivo, o en lo negativo. Así es cómo nos convertimos en los protagonistas de escoger dónde poner la lupa y construir una mirada optimista pero realista de la experiencia. Por ejemplo, es muy distinto decirle a nuestro hijo “qué fome que hoy sales tarde del colegio” versus “qué bueno que hoy sales tarde, así tienes más tiempo para aprender y jugar con tus compañeros”.

Cuando estamos pasando por un momento difícil recordar que no es permanente, que tiene un fin, una fecha de término, esto pasa hoy. Muchas veces cuando nos ocurren cosas negativas tenemos la sensación de que estamos en una seguidilla de malos eventos y que no van a terminar. Ejemplo: “Hoy tuve una pelea con mi marido” versus “siempre peleo con mi marido”. Cuando generalizamos una situación la amplificamos y creamos una realidad de una conducta específica, por lo tanto, la distorsionamos.

Cuando tengas que corregir a tu hijo, pon atención al lenguaje y opta por “te estas” versus “tú eres” ya que nuestro fin es modificar una conducta especifica en base a lo que hizo mal, no atribuirlo a su forma de ser. Es distinto decir “Juan eres un flojo” versus “Juan estás siendo flojo al no recoger tus juguetes del suelo”.

¿Con cuál de las anteriores te gustaría comenzar a practicar el optimismo?


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